La JAL de Puente Aranda, dejó una conclusión clara en marzo: el control político no es un trámite, es una herramienta viva para transformar el territorio.
A lo largo de las diferentes sesiones, como Corporación abordamos de manera integral problemáticas y proyectos que inciden directamente en la vida cotidiana de la comunidad. Lo hicimos con una agenda amplia, convocando a entidades clave del orden distrital como la Contraloría de Bogotá, la Secretaría Distrital de la Mujer, el Instituto de Desarrollo Urbano, Renobo, la Secretaría Distrital de Movilidad y la Empresa Metro de Bogotá, entre otras, con el propósito de hacer seguimiento, exigir respuestas y abrir el debate público sobre los temas que preocupan a la ciudadanía.
Uno de los puntos más sensibles fue, sin duda, el servicio de aseo. Las intervenciones y el sentir general evidenciaron una inconformidad creciente frente a su operación, reflejo de una problemática que trasciende lo técnico y se instala en lo cotidiano: el estado del espacio público. Este debate dejó en evidencia la necesidad de revisar las dinámicas actuales del servicio y fortalecer la capacidad de respuesta institucional frente a las realidades del territorio.
En paralelo, la movilidad y la infraestructura ocuparon un lugar central en la agenda de la JAL. Realizamos seguimiento a proyectos estratégicos como la ampliación de la Avenida Cundinamarca, una deuda histórica con la localidad, así como a las transformaciones urbanas que hoy enfrenta Puente Aranda en medio de su transición hacia un modelo más residencial y mixto.
En ese mismo sentido, el avance del Metro de Bogotá fue objeto de análisis y discusión. La presencia de la Empresa Metro de Bogotá permitió conocer de primera mano el desarrollo del proyecto y su impacto en la localidad, especialmente en lo relacionado con las estaciones proyectadas en el territorio. Este tipo de espacios son fundamentales para garantizar que las grandes obras de ciudad dialoguen con las dinámicas locales.
Marzo también estuvo marcado por discusiones de carácter social e institucional. Abordamos temas relacionados con la participación de las mujeres, la equidad de género y el fortalecimiento de políticas públicas que reconozcan las realidades diversas de la comunidad. Asimismo, el acompañamiento de organismos de control como la Contraloría de Bogotá permitió profundizar en herramientas de vigilancia y seguimiento a la gestión pública.
Más allá de los temas específicos, lo que dejó este mes, es una imagen clara de la JAL, como una Corporación activa, que debate, que cuestiona y que exige. Un escenario donde convergen distintas visiones políticas, pero donde prevalece un objetivo común: velar por el bienestar de la comunidad de Puente Aranda.
Estos resultados obedecen al trabajo con la Alcaldía Local de Puente Aranda, articulación coave para avanzar en la construcción de soluciones, entendiendo que los retos de la localidad requieren trabajo conjunto, coordinación institucional y voluntad política.
El desafío hacia adelante sigue siendo exigente, materialzar el control político en resultados concretos, lograr que las respuestas institucionales se traduzcan en acciones efectivas y garantizar que la voz de la ciudadanía siga siendo el eje de las decisiones públicas.
Porque, al final, la verdadera medida de estos espacios no está solo en lo que se dice en las sesiones, sino en lo que cambia en el territorio.
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